La recuperación de Arcadio

El capuchino Arcadio
Arcadio en una plataforma.

Si un montón de cosas cayeran desde una ventana miraríais dos veces para ver qué está pasando. Y si además descubrierais que quien las tira es un mono… probablemente os quedaríais ojipláticos. Esto es justo lo que pasó hace unos meses en una ciudad cerca de Alicante. Una vez denunciado el incidente, la policía, rápidamente tomo cartas en el asunto y nos avisaron, trayendo a Primadomus a Arcadio, un capuchino que se demostró que fue comprado de forma ilegal. 

Al llegar a Primadomus, Arcadio fue examinado por el equipo veterinario. Como casi siempre suele ocurrir,  su pelaje no estaba muy bien, probablemente por una deficiente alimentación, al igual que sus dientes, que estaban en muy mala situación. Además Arcadio presentaba comportamiento anormal intimidando a sus propias manos como si estas fueran una amenaza externa… y aunque una vez en Primadomus no ha llegado a autolesionarse (cosa que a veces pasa en los casos de traumas más extremos) sabemos que en el pasado lo hizo pues le falta parte de algunos dedos por morderse a si mismo. Tras la revisión inicial, Arcadio pasó a su instalación a la espera de finalizar su periodo de cuarentena. Y a partir de este momento, estuvo tranquilo…  bueno tranquilo… Arcadio es un animal inquieto que le encanta moverse, siempre ocupado con los objetos de enriquecimiento de su instalación, explorando y buscando entre la hamaca, el columpio y las ramas que tapizan su unidad.

A dentro de la caja, a fuera de la caja

Pero lo que más le gusta a Arcadio son las cajas de cartón. No cualquier tipo de caja, sino aquellas en las que cabe de cuerpo entero. Entonces entra y sale de ella, se tumba en el fondo relajado o, incluso, trepa por ella para mirar por la ventana hacia el exterior, cosa que también le gusta mucho.

¡Hora de comer!

Arcadio adora la hora de la comida, especialmente si tocan huevos, cebollas o limones. Como buen capuchino, para mantener a raya posibles parásitos e insectos, embadurna su pelaje con el fuerte “aroma” de estos vegetales. Así, es fácil verle perfumándose con la mejor de las fragancias frotando contra su pelo trozos de cebolla o limón.

Arcadio ya no está solo, comparte sus días con Spiker, otro capuchino. Ambos, en su convivencia, van aprendiendo lo que es tener un compañero de su misma espece, otra vez.

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